Cuando la maternidad te rompe… y te reconstruye más fuerte.
Mi historia, mi verdad Ser mamá a los 20 años no estaba en mis planes. No era ese sueño perfecto que pintan en redes, ni la historia color rosa que muchos repiten sin haberla vivido. Fue un golpe de realidad: miedo, incertidumbre y un “¿ahora qué?” que se repetía en mi cabeza día y noche. Pero también fue el inicio de la versión más fuerte, más capaz y más valiente de mí misma. Durante los primeros meses después de que nació mi hijo, estuve desempleada. No fue fácil. Entre pañales, desvelos y esa mezcla rara de amor profundo con cansancio extremo, yo sentía que el mundo seguía corriendo mientras yo me quedaba quieta. Pero no me rendí. A los seis meses conseguí un trabajo que me cambió la vida: viajaba de lunes a domingo desde mi pueblo hasta Medellín. Dos años enteros con ese ritmo. Agotador, sí. Pero también transformador. Y es que, aunque muchos la romantizan, la maternidad es dura . Es hermosa, claro. Hay amor, hay compañía incondicional, hay momentos que llenan el alma....